A pesar de ser un tema ampliamente discutido a través de la historia del pensamiento filosófico, la extensión de este concepto parece no agotarse ni haber alcanzado su máximo nivel de expresión. La tolerancia ha pasado de un estado activo a uno pasivo; se han proclamado en nombre de la tolerancia y de los derechos humanos acciones belicas, bloqueos comerciales y hasta genocidios. Lo que debió ser una precondición para poder lograr un estado democrático real se convirtió en una herramienta que funciona al servicio de la represión y de la intolerancia misma.
Es esta función de la cual hablaremos en el siguiente ensayo. La tesis presentada aquí tiene su origen en el pensamiento crítico de la escuela de Frankfurt y es dentro de este marco teórico del cual partiremos para el análisis del concepto de Tolerancia Represiva.
Así pues, el problema que se plantea la Tolerancia Represiva tiene como origen la inquietud de responder a las siguientes interrogantes planteadas por Herbert Marcuse:
¿Cuál es el objetivo de la tolerancia? Y ¿Cómo es que se practica la tolerancia en nombre de la represión?
Ahora bien, comenzaremos por señalar históricamente el uso del concepto de la tolerancia y mencionar a grandes rasgos su origen histórico y etimológico.
La palabra tolerancia tiene su origen etimológico del latín: tolerantia de tolero, lo cual indicaba el tener que soportar algo y que en la antigüedad tiene un sentido negativo. La tolerancia para los griegos era similar a la templanza o a la moderación, pero siempre ante algo poco deseable. Históricamente la tolerancia tiene una carga religiosa, es decir, era practicada por la iglesia en actitud de otras religiones y en reconocimiento al libre ejercicio y manifestación de creencias y actitudes.
La tolerancia en este sentido era la aceptación de la otredad, de la coexistencia. Significaba el autorreconocimiento y la posibilidad de comprender a otros, implicaba también valorar a los demás, aunque no necesariamente significaba tener que estar de acuerdo con ellos.
Surge como análisis filosófico a principios de la reforma protestante y alcanza su madurez en la ilustración. Es aquí donde el pensamiento ilustrado contribuyo a desplazar el tema de la tolerancia de un ámbito meramente religioso hacia cuestiones de política y de ética. Esta transición ha servido como base para formar un nuevo tipo de discurso que tiene su origen en la modernidad. El respeto del otro, la diferencia, la pluralidad y la diversidad cultural son elementos que (de acuerdo a un discurso hegemónico) sirven como precondición para una sociedad pacifica que busca alcanzar el ideal democrático.
Ahora bien, en una sociedad democrática ¿Cómo es que se practica la tolerancia en nombre de la represión? La conclusión a la que llega Marcuse es la siguiente:
“The conclusion reached is that the realization of the objective of tolerance would call for intolerance toward prevailing policies, attitudes, opinions, and the extension of tolerance to policies, attitudes, and opinions which are outlawed or suppressed. In other words, today tolerance appears again as what it was in its origins, at the beginning of the modern period--a partisan goal, a subversive liberating notion and practice. Conversely, what is proclaimed and practiced as tolerance today, is in many of its most effective manifestations serving the cause of oppression”. Es decir, para que se pueda ver realizado el ideal o el objetivo de la tolerancia, implicaría necesariamente una actitud intolerante hacia aptitudes políticas u opiniones.
Así pues, la tolerancia se extiende a políticas que impiden o quebrantan las oportunidades de una sociedad a coexistir sin miedo y miseria. En este sentido la tolerancia se ha convertido en un ente activo. La violencia y la represión son prácticas defendidas y respaldadas por gobiernos democráticos totalitaristas, y las personas sometidas a este tipo de gobierno son adoctrinadas y educadas para sostener este tipo de prácticas necesarias para mantener un cierto estado de cosas.
La tolerancia a lo que en un momento fue radicalmente malo se convierte en algo bueno; tenemos como ejemplo el reclutamiento y entrenamiento de fuerzas armadas, el atontamiento (por no poner apendejamiento) sistemático de niños y adultos por parte de la publicidad y la propaganda, la marginación de grupos que son confinados a lugares determinados con la mentira de la tolerancia y de creación de espacios para la libre expresión y libertad de ideas.
A medida de ejemplo podemos también analizar la preocupación desmedida por parte de psicólogos, instituciones de educación y autoridades en educación moral en el incremento en la violencia juvenil; sin embargo, se ven menos interesados en las representaciones graficas de misiles, de la guerra en tiempo real (real time war), bombarderos etc. La delincuencia madura de toda una civilización. Ya Fucuyama había hablado de la frivolización de los medios. La guerra como reality show.
Marcuse menciona que estas no son variaciones o casos aislados dentro de un sistema, sino la verdadera esencia de una estructura que utiliza la tolerancia como un medio para perpetuar la lucha de la existencia y suprimir las alternativas. Por otro lado, hasta los movimientos progresistas peligran en convertirse en su contrario a medida que aceptan las reglas del juego. Si hablamos de una sociedad vista como una totalidad que determina cada relación y condición particular, tenemos entones que en esa misma sociedad siendo represiva, sus relaciones y condiciones serán de acuerdo a la totalidad y tendrán este mismo carácter.
La desaparición de la libertad me viene a la mente al hablar de las determinaciones, sin embargo dentro del margen normativo de una sociedad la libertad de expresión, de prensa y de reunión se ve condicionada por el temor de las autoridades a que se pase de las palabras a los hechos y de los sermones a las acciones. Hoy en día nuestro totalitarismo democrático esta más que nunca consolidado “It is now more necesary than ever than those with free minds rise up against this servile way of thinking, against this miserable moralism in the name of wich we are obliged to accept the prevailing way of the world ans its absolute injustice”
He aqui el papel que Marcuse y Badiou exigen de los pensadores contemporáneos. Es el papel del intelectual el que deberá imponerse, aunque esto parezca elitista. Dentro de un estado de cosas, la tolerancia da entrada a todos los puntos de vista, los comunistas y los fascistas, la derecha y la izquierda, el blanco y el negro, los que están en pro de las armas y en contra de estas. Hoy más que nunca se abren debates en los medios en donde se le otorga la misma validez a una opinión estupida que a una opinión inteligente. Este tipo de tolerancia esta justificada por el argumento democrático en el cual ningún individuo o grupo es poseedor de la verdad y en donde ninguno puede saber con exactitud distinguir entre el bien y el mal.
Sin embargo, bajo el dominio de un lo Marcuse llama ‘monopolistic media’ el sujeto se convierte en el instrumento de poder económico y político, se crea pues una mentalidad de lo que esta bien o mal. Lo verdadero y lo falso están predeterminados por los medios. Por otro lado, se da un ejemplo de cómo funciona esta proposición dialéctica:
Tesis: nosotros trabajamos en pro de la paz; antitesis: nos preparamos para la guerra; unificando los opuestos; prepararse para la guerra es trabajar en por de la paz. Aquí el trabajar por la paz se convierte en algo necesario aunque esto implique prepararse para la guerra, he aquí la justificación en donde los contrarios, guerra y paz se neutralizan.
Conclusión
Si bien es cierto que el ideal utópico de la realización de la tolerancia se ha visto frustrado por mecanismos políticos, y no solo eso, sino se ha llegado a convertir en su opuesto; seria prudente decir que bajo estas condiciones la tolerancia no puede ni ha podido llevar a cabo su función civilizadora. El progreso histórico de tal concepto, se encuentra en relación con la no aceptación del status quo, es decir, salirse de este marco normativo que ha establecido la sociedad.
Este concepto se encuentra totalmente institucionalizado y la única forma de poder combatir tal ideología es proponiendo una especie de tolerancia discriminadora, una especie de desobediencia social, la cual niegue las conductas que hacen posibles la opresión y la destrucción.
Siguiendo por la misma línea de pensamiento Badiou menciona que los supuestos derechos humanos del hombre están sirviendo, en todo los puntos para aniquilar cualquier intento de formas de libre pensamiento. Las intervenciones militares en Serbia, la invasión de Irak y el embargo económico de cuba son solamente ejemplos de cómo bajo un discurso totalmente opuesto se puede llegar hasta legitimizar bajo una ola infrenable de discursos moralizantes.
Así pues, se menciona en el libro de Ethics, como el mundo esta realmente sumergido en un delirio ético, como la contrarrevolución intelectual en forma de terrorismo moral, estaba imponiendo al capitalismo occidental junto todas sus calamidades como un modelo universal. Y es aquí donde el papel del intelectual debe servir para frenar este moralismo miserable y esta manera de pensar tan servil. Esta es la obligación que el intelectual tiene, debemos mantener y preservar las posibilidades históricas que se han convertido en posibilidades utópicas por principio de realidad.